En retrospectiva puedo visualizarme de niña,  en mi habitación,  aquella habitación que por cierto compartía con mis hermanas. Creo que entraba en la pubertad tal vez tenia 11 años, coincidentemente la edad de Él.

Yo por entonces y debido a mi etapa puber, padecí como muchos seguro, del sintoma del ostracismo. Que no es mas que esa particularidad en adolecentes, de querer permanecer apartados, encerrados, incomunicados, dedicados únicamente a sus intereses; perdiéndose de la familia o los amigos. Inclusive algunos llevan esto más en serio. Y bueno no sigo porque no pretendo  dar catedra de este periodo que por cierto amerita otra entrada.

Él, no padece de ostracismo y con suerte tal vez no lo pase. Él, disfruta de estar acompañado mientras realiza sus actividades. Es comunicativo pero soy yo quien busca la charla.

Él, es mi único hijo y todos los días son únicos para mi,   pues estoy empeñada en conducirlo hacia lo bueno, es mi deber hacer de Él, la mejor versión de mi. Por ello,  lo someto todos los días, bueno la mayor parte del tiempo,  a conocer de la historia de mi amado Perú, a traves de imágenes, historias, narraciones y siempre de forma lúdica; porque resulta ser que mi niño es muy visual, es muy difícil que entienda sino tiene en la mano y frente a si, la comprobación de lo que se le dice.

Es para mí, una lectora amante de los clásicos y de la historia un verdadero empeño el querer instruir a mi pequeño en el buen hábito de la lectura, pues bien lo sé,  que es una practica gratificante,  no solo para nutrirse de conocimiento sino ademas, que la lectura ayuda a la exploración de ideas, descubres nuevas palabras, entre otros beneficios. Razones de sobra para encaminar a mi niño en este hermoso hábito.

Los recursos fueron cambiando con la edad, desde un principio leyendo para Él cuentos propios de  su edad, visitando librerías , haciéndolo tocar los libros de mi humilde estantería, dejando que los abra, ver sus manos descubriendo el libro. Eso creanme,  era un deleite para mí.

Todos los días leemos, siempre después del amuerzo nos sentamos en la sala. Él trae el libro de turno,  que por cierto tiene un lugar especial en la estantería. Cada uno lee un párrafo de manera intercalada y en voz alta, luego al terminar el capítulo, Él se encarga de colocar el marca páginas, terminando así nuestro momento, nuestra aventura, nuestra anécdota. Sé que al pasar los años Él  lo recodará y lo repetirá, al menos ese es mi deseo.

Por ahora,  me desbordó en baba,  al entrar por la noche a su dormitorio,  con el fin de verificar ventanas, cortinas y el libro que el sueño no lo dejo cerrar. Será que empiezo a ver frutos.

Qué hermoso verdad?

 

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Un comentario sobre “Él, la mejor versión de mí.

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