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Alguna ves escuche decir o leer que la contaminación sonora es la mas nociva, a mi entender ciertamente lo es. 

Soy una mujer que no llega a la misantropía pero vaya, me gusta y disfruto bastante de mi soledad. No me gustar estar en compañía de propios peor aun de extraños. Es para mí un verdadero lujo el estar sola conmigo misma disfrutando de mis placeres: Café, leer, escuchar música… en fin.

No tienen idea lo incomodo que es para esta mujer el salir a la calle y viajar en el transporte público o simplemente el estar en espacios públicos.

La gente no respeta el espacio personal, mucho menos mi derecho a no contaminarme con su conversación. Es imposible por Dios soportar que a escasos centímetros, la gente no solo se comunica por el móvil a gritos, sino además, el tener que soportar el contacto porque más espacio no hay. Y claro, claro que me van a decir –Vaya, estas en el transporte público. Pero no, me niego. Yo también soy usuaria, yo también viajo y respeto el espacio personal, como podemos ser tan mezquinos con uno mismo y permitirse viajar así: Ver entrar a empujones a la gente en el metropolitano o al tren eléctrico, es que no lo entiendo.

Finalmente eso no es lo que me enoja, no que va; si a mí lo que incomoda y me saca de tranquilidad es el grito, la conversación del de al lado, yo no quiero escucharte!, déjame leer!, me traje mi libro, me puse los audífonos pero igual te sigo escuchando, que pretendes que  levante el volumen y consecuentemente me vuelva más sorda de lo que ya estoy. Por favor no me atormentes más y deja de gritar.

Mi ciudad, mi hermoso país, convulso hoy por una ola de migrantes venezolanos que por cierto hablan con el tono bastante alto, los limeñitos que exageran al hablar y reclamar por todo, el niño que no para de gritar, la mami que lo deja ser, los amigos que no regulan lo que dicen ($%&=?*+) y puedo seguir, pero no, no voy a cambiar; siempre al final del día estará mi escritorio, mi taza de café, la esquina del mueble en donde disfruto leer y la paz de mi hogar que me acoge cada vez que regreso.

¡Silencio por favor!

Él, la mejor versión de mí.

Crimen y Castigo

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